Lloviendo
“
Plik… Plik…
Las gotas golpean el chubasquero mientras andas a la luz de las farolas cerca de la playa. De fondo, las olas, haciendo la percusión que acompaña el suave golpeteo de una lluvia ligera. Apenas se ve, pero al mirar hacia una farola puedes observar unos pequeños haces de luz, pasando como estrellas fugaces por la pequeña zona iluminada.

No hace frío, todo esta en silencio, salvo el suave murmullo de las gotas al caer. Es curioso, pero apenas se ve más allá de unos metros, lo que hace que te sientas como en una pequeña esfera de intimidad. Lo que ves es lo que es. Todo lo lejano, lo inalcanzable, parece diluirse en la no importancia de la no existencia. Sabes que esta ahí… pero no importa tanto. Todo parece alcanzable, parece que si caminas un poco, llegarás a una pared brumosa. Y más allá no hay nada. A un lado, la inmensidad del mar que viene a morir cerca, con su arrullo que, aunque periódico, posee cierta melodía. Mientras, pequeñas gotas acarician tu piel. Es un momento que se disfruta con los cinco sentidos, que abre la mente y da la falsa impresión de estar frente a ti y tu mundo. Pero es falso, te dices, más allá hay miles de personas y miles de kilómetros desconocidos. Pero es un momento para ti, y tú decides a qué o quién consagrarlo. El silencio, relativo, es sobrecogedor, inspirador. Sin darte cuenta, pasas mucho tiempo inmerso en tus pensamientos, hasta que al fin, vuelves a la civilización y tus pasos comienzan a resonar demasiado de nuevo, perdiéndose en la sinfonía urbana nocturna…
Plik… Plik…






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